Mi despertar vegano

Esta despertar vegano empezó cuando llegue a España el 7 de Noviembre de 2019, con las ideas revolucionadas, ansiosa y nerviosa por el nuevo mundo que me esperaba. Fueron unos días de incertidumbre para lo que me deparaba el futuro.

Paré en un hostel en el centro de Madrid y aún con las valijas hechas, conseguí una habitación en un piso compartido en Puerta del Ángel. Fue la habitación de mi vida.

vegano

En el piso vivíamos tres, y para mi sorpresa, uno de mis compañeros de piso era vegano (recordando ese momento ya que sigue siendo vegano). Cuando me lo contó, lo primero que se me cruzó por mi cabeza fue, ¿qué come?, y ¿es diferente a ser vegetariano?. Sin embargo, lo primero que me salió decirle fue ´yo no soy de comer mucha carne pero sí que voy a extrañar los asados de mi papá´.

Me sentí de algún modo como extraña y rara por decir que me gustaba la carne y adentro mío se me venía a la mente las veces que dije que los veganos comen lechuga y tomate, o que no podría ser nunca vegana con lo que me gusta comer asados.

Ser vegana era algo que no estaba en mi lista de cosas por hacer. A pesar de eso, siempre tuve un cierto rechazo por la carne, por ejemplo para mi comer milanesas (argentinas) no era lo mejor y, no me gustaron nunca. La gente que me escuchaba decir eso me decía “nena estás loca cómo no te van a gustar las milanesas”.

Luego de unos minutos de conversación, le pregunté qué fue lo que le hizo cambiar de parecer y dejar la carne de un día para otro. Al contarme sus inicios en el veganismo, me dijo una frase que no se me olvida más: “aprendí a empatizar más con los animales”. Sentí un antes y un después desde ese día.

Mi interrogatorio continuó, comencé a preguntarle más sobre lo que comía. Me contó que no consumía nada que proviniera de animales, y ¡wuau!, todo viene de animales pensé. Me aclaró que dejó de comer carne, no porque no le gustara el sabor, sino que entendió que el sabor es algo más que un gusto, ese gusto que nos bloquea la relación humano-animal y que estamos matando un animal por satisfacer un placer humano.

Me explicó que el veganismo no solo pasa por el comer, sino que es un movimiento por el bienestar del ecosistema. Fue entonces cuando empecé a investigar un poco más, porque me llamaba la atención la convicción de su decisión, y cómo empezó a sonar dentro mío, una alarma que me estaba diciendo

¡DESPERTATE FLOR! (me decia mi yo vegano)

Vegano

Mientras que seguía indagando qué significaba ser vegano y qué era el veganismo (lo que para mi era algo totalmente desconocido), yo no dejaba de comer carne. Mi “dieta” incluía hamburguesas, jamón, queso, crema de leche (nata), leche (que no me faltara mi café con leche), yogur y aparte no me permitía ser vegana si hacía unos meses que había llegado a España y todavía no había probado una paella.

No esperaba cambiar de parecer (estaba dormida), pero pasado unos días todo me dio indicio de que lo que estaba comiendo no me estaba haciendo bien. Mi cuerpo empezó a tener rechazo al queso y a la leche, me sentía pesada cada vez que terminaba de comer. Hasta que asimilé, que la carne era la que me estaba produciendo malestar. Entonces empecé a reducir mi consumo, aunque no quería dejarlo y me tentaba por una que otra hamburguesa rápida de vez en cuando.

Un día, salí a tomar unas copas, y pasé por un restaurante de comida rápida y me compré una hamburguesa (para variar) con doble de todo. Cuando llegué al piso, me acosté y a mitad de la noche me desperté de los dolores intestinales que tenía. Una mezcla de intensidades en mi estómago me hicieron levantar y devolver la ´super con de todo´ que había comido.

Pasé tres días en cama enferma del estómago sin poder digerir nada, ni siquiera tomar agua podía, de lo mal que me había asentado la cena de aquella noche. Fue entonces cuando, me hizo un click en la cabeza.

Entendí que mi cuerpo rechazaba por completo los alimentos que procedían de animales y que por puro placer, terminé pagando luego con una gastroenteritis. No obstante eso, toda aquella información que había leído sobre las enfermedades que genera comer carne. El colesterol alto, la diabetes, la obesidad (sumado a la mala alimentación), las enfermedades renales y digestivas, la presión arterial alta, entre otras tantas.

Empecé a asimilar los alimentos que consumía con su origen. Por ejemplo, la vaca le da leche al ternero recién nacido, y me imaginé a cualquier madre que da la teta a su bebé con tubos en sus tetillas extrayendo su leche todo el año no solo en los primeros meses de vida de su bebé. Al hacer esa relación, me dije: ¡OK, acá hay algo que no está bien!

Comencé a hacer la relación de todo lo que comía y quedé anonadada. Comprendí que para comer solo una pechuga de pollo a la plancha, los granjeros debían matar a miles de pollos. Lo que decían las abuelas que para el dolor de estómago lo mejor era comer una “pechuguita sola a la plancha” con arroz blanco ayudaba a reducir la gastroenteritis.

Se amable

Comer yogurt con cereales por la mañana, o ir a pasear y pedir esa ensalada con queso de cabra, porque ¿qué mal le puede hacer a una cabra? si no la matan para extraer su leche para hacer un queso, o darse el gustito de cenar mariscos en el restaurante con un cheesecake de postre. Comerse un caramelo de dulce de leche o ir al super por una manteca para ponerle al pan lactal en la merienda. ¡Wuau! No termina más la interminable lista de cosas que consumía sin saber su procedencia.

Seguramente, a muchos les cueste leer, y se sientan incómodos o a la defensiva, yo también me sentía así. Cuando entiendes que no es un ataque, que los únicos que nos sentimos atacados somos nosotros mismos, porque sabemos en el fondo que lo que hacemos está mal. Recordé la palabra empatía, y que, no solo es aplicable entre personas, sino también es aplicable con los animales y el planeta. ¡El favor que le hacemos al planeta es inmenso! Ver la vida desde otra perspectiva es lo que nos hará cambiar.

Soy VEGANA, agradezco haberme despertado. Ruego que nos despertemos todos y tomemos conciencia de todo el bien que podemos lograr juntos. Yo no te puedo cambiar, pero tú te puedes cambiar a ti mismo.

1 comentario en “Mi despertar vegano”

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